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‘No sabo’, zamana y firafas… ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a hablar

 

Happy mother holding her baby

Plantearse así la pregunta, no es un buen comienzo. En realidad, lo importante es que los niños sepan comunicarse. Una vez que empiezan a gatear y a explorar se dan cuenta de un nivel de independencia importante.

 

Poco después, se dan cuenta de que pueden desear cosas y que pueden expresarlas. Ahí empieza un intercambio de mensajes con el mundo que los rodea. En el libro Helping Baby Talk los autores Lorraine Rocissano y Jean Grasso Fitzpatrick explican que el habla es un proceso fisiológico en un principio. Por eso es importante cerciorarse que tu hijo escuche bien. Un tamiz auditivo, si no le hicieron al nacer, es importante realizarlo.

 

La mejor manera de que los niños empiecen a tararear es cantando. De manera natural empiezan a imitar los sonidos aunque para ellos las palabras no tengan ningún sentido. Eso va desarrollando su oído también.

 

Otro punto importante es, si quieres que un niño hable, tú tienes que hablarle mucho. Ellos aprenden todo por imitación. Aunque te advierto que una vez que abres esa puerta es imposible cerrarla y el lorito que traes a tu casa es imposible pararlo, aunque sean las 6 de la mañana.

 

Si no sabes de qué hablar, puedes ir describiendo en el coche lo que vas viendo: el cielo es azul, hay coches de estos colores, la señora lleva un vestido rojo, el policía lleva un sombrero, en fin, hay muchas cosas que te pueden ayudar. También entiendo que la música se puede volver un poco tediosa, en lo personal nunca me gustó. Aunque a ellos, Trepsi les fascina. https://www.bebe2go.com/collections/dvd

 

Sarah, mi hija, canta Amor de mis amores de Agustín Lara, la versión de Natalia Lafourcade. Pero ahí sí, ya cada quien.

 

Por último, yo insisto… La lectura no se la puedes inculcar a los niños a los 6 años. Si a un bebé le lees desde pequeño, será más fácil que tome el hábito. Hay muchos libros que tienen palabras que no utilizamos habitualmente lo que hace que los niños escuchen otros sonidos y vayan ampliando su vocabulario. También, te aseguro que correrás por el diccionario y tendrás que usar un sinónimo porque muchos libros son traducidos en Argentina o España y así aprendemos todos. A los niños se les enseñan gustos… Si la solución son siempre las pantallas, vivirán de las pantallas.

 

Conforme se van desarrollando, por ahí del año y medio, Rocissano y Fitzparck recomiendan hacer preguntas concretas. Cosas como “¿Quieres más manzana si o no?” porque la respuesta será mucha más fácil para ellos. Entre más les hables, más ganas tendrán de hablar. Es así de sencillo.

 

Más adelante, lo importante es que empiecen a juntar dos palabras… Coche mío, manzana grande, más agua. Después irán formando oraciones a partir de los 3 años o 3 años y medio.

 

Cada niño tiene su propio ritmo, pero hay factores de cuidado que influyen también:

 

  1. Problemas físicos: frenillos bucales, tapones de cera en los oídos, o algún problema de sordera leve. Siempre hay que seguir nuestro instinto. Si sientes que hay algo físico, siempre hay que insistir con los médicos. Nunca compares a tu hijo, pero siempre sigue tu intuición. Sarah tenía el frenillo lingual desde que nació. Dos médicos nos dijeron que no había que operarla, una terapeuta de lenguaje nos dijo que si. Yo sentía que ella ya no podía decir ni “L” ni “R”. Sacar la lengua era imposible, así que fuimos con un otorrinolaringólogo pediatra quien cortó el frenillo y asunto arreglado. Un año después siento que en nuestro caso fue la mejor decisión.

 

  1. Idiomas: Para Sarah, su idioma dominante es el español. Su padre le habla francés desde el vientre. Entiende todo, pero no lo habla. En el colegio ya enseñan inglés y la televisión siempre la ha visto en inglés. Empezó a hablar a los casi 3 años. Nunca nos preocupamos porque sabíamos que escuchaba y había una respuesta a todos los estímulos, ella daba una respuesta a todo.

 

  1. Letras y palabras: la “r”, “l”, algunas combinaciones como “dardo”. Después de cierta edad, si los niños no logran rular la lengua, es importante una visita a alguna terapia. A veces tienen que hacer ejercicios y ejercitar algunos músculos de la boca, posiciones de la lengua que les ayudarán a pasar el bache más rápido.

 

Por último, yo la verdad no corrijo a Sarah. Al corregirlos demasiado puedes inhibirlos y lo mejor es que ellos solos se den cuenta de sus errores. Además dura tan poquito la etapa en que dicen las palabras mochas. Me muero de la risa cuando me pregunta si quiero más “pafé”, o se asusta porque sale una “cucharacha”. Dejemos a los niños ser niños. En algún punto, dirá café y cucaracha y todo estará bien.

 

Por Stephania Corpi

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