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¿Te acuerdas que somos amigas mamá?

¿Te acuerdas que somos amigas mamá? Me dice mi pequeña cada vez que puede. Y yo siempre le contesto “somos mejores amigas, mi amor”. Cada vez que me hace la pregunta me parece una ternura. Cada vez se me derretía más y más el corazón. Fueron tantas veces que me empezó a llamar la atención.

Entonces comencé a notar lo que no había sido obvio para mi. Mi hija no quería enfatizar que somos amigas, más bien me estaba recordando el tiempo que le debo.

Cuando nació su hermanito, mi hija tenía 1.9 años. Yo me sentía con mucha suerte y bendecida pues ella nunca lo rechazó. Le da las buenas noches, reza con el, comparte sus juguetes, incluso su agua. Y yo estaba aliviada y orgullosa con su tan madura reacción.

Entonces pasaron los días y su hermanito dejo de ser recién nacido, se convertía poco a poco en un bebe que ya interactuaba con todo a su alrededor. Mi hija veía la cantidad de veces que su mama sostenía a su hermanito repitiéndole “ma-má”, me veía haciendo cosquillitas para grabar una carcajada, y poniéndolo guapo para sus fiestas. Me veía cómo en su antiguo carrito ahora subía a su hermano y poco a poco fue notando como los abuelos y familiares empezaban a platicar con el bebe.

Entonces me decía ¿mamá, te acuerdas que eres mi amiga? Y yo sosteniendo a su hermano le decía decía “las mejores amigas mi amor”.

¿Cómo podía creerme? Si mi atención la compartía ahora con otro ser. Mi hija no me estaba recordando que somos compañeras, ella quería recordarme que sigue siendo una bebe.

Tal vez vemos a los hermanitos grandes como seres más independiente. Niños que ya van al baño, a la escuela, que comen solos, se duermen solos y que poco a poco juegan solos. Me partió el corazón darme cuenta que la quise ver grande. Que sin querer le adjudique algo que no le tocaba. Y por más que me preparé para explicar la llegada del hermanito y por más que veo que el amor entre ellos es inmenso, no debí nunca confiar en su independencia.

He teñido suerte que sus “bonitos celos” no hayan desencadenado berrinches ni conductas conflictivas, pero tal vez pudo no haber pasado así. Tal vez puedo ser más paciente cuando “llama mi atención”, tal vez puedo ser más paciente cuando no me deja salir de casa, tal vez puedo ser más paciente cuando quiere dormir en la cama de los papás y tal vez puedo ponerme un recordatorio de que mi hija de 2.6 meses es una bebe que me necesita en cada una de sus actividades.

La llegada de los hermanos puede ser difícil. No siempre tiene que haber una reacción negativa muy notoria para entender que no lo están tomando bien. Cegarnos y pensar que no tiene ningún impacto puede ser peligroso. Haz una introspección acerca de sus comportamientos como retrasos en sus habilidades adquiridas o aprendizajes, berrinches fuera de control, mojadas de cama, incluso una “mamitis” o un apego profundo al papá, a otro familiar o incluso a un objeto. Siempre hay maneras de resolver sus conflictos emocionales si se detectan a tiempo, pero no siempre es tan obvio para nosotras que lo tengan.

Nuestros hijos siempre van a necesitar de nosotros. Si te indican lo contrario ten cuidado. Es una señal. Muchas veces me dijeron “que aventada” por tenerlos tan seguidos, porque ahora dicen que es mejor esperar varios años para la llegada del segundo hijo. Pero yo amo verlos crecer juntos como cuates, y aunque me encuentro trabajando en las emociones de la mayor también se que ella se siente en una familia más completa. La clave es tener los mejores y más cariñosos acercamientos para darles su lugar.

Besos a todas

Andrea Olea

Pregunta #5 ¿Que mensaje le quería dar su hija a Andrea?

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